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Aplicaciones en sostenibilidad de las blockchains

Actualizado: mar 6


Cadena de bloques por Davidstankiewicz (Wikimedia Commons CC BY-SA 4.0)

Considerado por algunos la moneda del futuro; su valor actual excede los 1,000 dólares y el 95% de sus transacciones se llevan a cabo por ciudadanos chinos. ¿Su nombre? Efectivamente, el bitcoin, la moneda digital creada en 2008 por un programador desconocido (o grupo de ellos) bajo el nombre de Satoshi Nakamoto. A diferencia del dinero emitido por los Bancos Centrales que crece con la inflación, la cantidad de bitcoins en circulación está matemáticamente limitada a 21 millones y no se puede incrementar. El ingrediente no tan secreto del éxito de esta criptomoneda es el notario distribuido que graba las transacciones: la cadena de bloques (del inglés blockchain).

La gran atención que están recibiendo las blockchains se explica por su potencial de desarrollar aplicaciones innovadoras. Se trata de bases de datos distribuidas que almacenan un registro de activos y transacciones en una red de pares (peer-to-peer network o P2P) en la que todos los participantes son iguales. En otras palabras, la cadena une bloques de datos que registran quién es propietario de qué, y qué transacción ha hecho quién. Las transacciones están protegidas criptográficamente, generando un registro inmutable que se replica en cada ordenador de la red. Por así decir no hay una copia oficial, ni ningún usuario goza de mayor confianza que otro, eliminando así nodos centrales vulnerables que pudieran ser objetivo de hackers.

De hecho, esta tecnología es uno de los facilitadores de la cuarta revolución industrial, caracterizada por una fusión de tecnologías que difuminarán las fronteras entre los mundos físico, digital y biológico. Como un paso más allá de la red de redes detrás de la tercera revolución (la digital), las cadenas de bloques ofrecen un medio digital de valor, confianza y descentralización, haciendo posible el internet de las cosas (Internet of Things, IoT) y toda una serie de aplicaciones en los campos de nanotecnología, biotecnología e inteligencia artificial, entre otros. Un informe reciente del Foro Económico Mundial (WEF) predice que el 10% del PIB mundial en 2025 estará almacenado en cadenas de bloques.

Las blockchains ya han comenzado a impactar al sector financiero, bajando el coste y la complejidad de las transacciones financieras. Todo parece indicar que van a transformar los negocios, la administración pública y la sociedad de maneras quizás más profundas. Como notario distribuido, puede almacenar metadatos de cualquier tipo y reducir los costes implicados en la verificación de las transacciones. Algunas aplicaciones emergentes incluyen modelos de economía compartida, plataformas de propiedad intelectual o la impresión 3D. Es más, recientemente ha sido reconocida como la mayor tendencia en sostenibilidad 2017 por sus aplicaciones en energías renovables y trazabilidad en la cadena de suministro.

Echemos un vistazo a la iniciativa de Brooklyn Microgrid (BMG) por LO3 Energy, una microrred comunitaria de energía en dos barrios de Brooklyn (New York, EE.UU.): Gowanus y Park Slope. Es parecida a la red eléctrica tradicional, con conductores eléctricos conectando la generación con los puntos de consumo, sólo que se extiende por unas pocas manzanas. Esta iniciativa favorece la generación local con energía solar a la vez que se incrementa la resiliencia, dado que puede operar de manera independiente de la red general en eventos meteorológicos extremos y emergencias. De hecho, el equipo detrás de LO3 imagina un futuro de generación y consumo descentralizados, en el que los prosumidores puedan elegir si venden su producción solar en un mercado P2P, almacenarla en baterías o usarla para una parte de su consumo.

La tecnología que permite registrar la generación de cada miembro de la comunidad se denomina TransactiveGrid, basado en la cadena de bloques Ethereum. La cadena está formada por contratos inteligentes a los que todos los miembros de la comunidad tienen acceso, en todo momento. Estos contratos transforman el exceso producido en créditos renovables que otros participantes pueden comprar con sus cuentas de PayPal y usar a su gusto. Al establecer las reglas y regular los precios, están anticipando un futuro de comunidades energéticas autónomas, colaborativas y autogobernadas.

Otra aplicación para la trazabilidad de productos es Project Provenance, una empresa social basada en Londres (Reino Unido) que se fundó para suplir la carencia de información a que nos enfrentamos en el momento de la compra. Comprometidos con la información abierta y accesible, emplean una tecnología de bloques para facilitar la trazabilidad de certificaciones y otra información a lo largo de la cadena de suministro. De esta forma los productos irán acompañados de un pasaporte digital que demuestra su origen y autenticidad, información que los consumidores pueden comprobar con una aplicación en su teléfono móvil.

Provenance ha probado su solución trazando bonito y atún claro en Indonesia, desde la captura hasta el consumidor. En este país, la pesca sostenible se enfrenta a una competencia creciente por parte de la pesca de cerco y requiere de instrumentos diferenciadores de mercado para su supervivencia. Durante un piloto de seis meses, entrevistaron a los diferentes actores, analizaron los datos e interfaces existentes, y exploraron las posibilidades de conectar los mundos físico y digital (códigos QR, tecnología NFC, etc.). la experiencia puso de manifiesto graves carencias de interoperabilidad y accesibilidad de la información, algo que las cadenas de bloques pueden resolver una vez la tecnología esté más madura.

Vivimos en tiempos de cambio constante, ya sea político, económico, tecnológico o en la manera en que trabajamos y nos comunicamos con otras personas. La descentralización, junto con el empoderamiento y la democratización de la tecnología, están presentes en muchas de las tendencias, y las cadenas de bloques van a jugar un papel preponderante en este cambio de paradigma. Apenas comenzamos a adivinar sus primeras aplicaciones en el campo de la sostenibilidad, y poco a poco iremos viendo todo su potencial para permitir una mayor transparencia y acelerar los procesos de innovación.

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