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Economía circular, ¿el nuevo paradigma económico?

Actualizado: mar 6


Diferencias entre la economía lineal y circular (Fundación Ellen MacArthur)

¿Qué tienen en común una excavadora con unos jeans de diseño? La respuesta hay que buscarla en el trending topic de la actualidad medioambiental, la economía circular. Prácticamente no hay conferencia o artículo que se precie que no tenga un apartado dedicado a este nuevo concepto. Sus promotores van desde la Comisión Europea con un Plan de Acción dedicado, hasta el Foro Económico Mundial (WEF) que lo recoge entre los temas de su agenda global, pasando por diversas fundaciones, asociaciones empresariales y medios de comunicación.

La Fundación Ellen MacArthur define la economía circular como un sistema regenerativo, que busca en todo momento mantener el valor de los recursos (por ejemplo restaurándolos para comenzar un nuevo ciclo). Se basa en una serie de principios como son la eliminación de los residuos, el uso de energías renovables, el pensamiento en términos de sistemas, la solidez que aporta la diversidad y la importancia de que los precios reflejen los costes totales.

Ellen MacArthur saltó a la fama en 2005 al dar la vuelta al mundo a vela en solitario en tan sólo 71 días, batiendo el récord mundial. Tras dejar su carrera como navegante, creó la Fundación que lleva su nombre para impulsar la transición hacia una economía circular. Este modelo tiene sus raíces en los trabajos de una serie de visionarios desde la década de los 70, incluyendo los conceptos "Cradle to Cradle" ("de la cuna a la cuna") de Bill McDonough y Michael Braungart, o la “Economía Azul" de Gunter Pauli, entre otros.

El modelo económico actual se basa en un proceso lineal: tomar, hacer, desechar (del inglés “take, make, dispose”). Se extraen materias primas que se transportan hasta los lugares de producción, donde se emplea energía y mano de obra en manufacturar productos que posteriormente el consumidor adquiere, usa y en algún momento desecha (por ejemplo, la vida media de un móvil en Europa es de sólo 15 meses).

Sin embargo, este modelo presenta externalidades (como la contaminación ambiental) y desaprovecha recursos en la forma de residuos, energía y mano de obra. No hay más que ver los grandes vertederos en las afueras de las ciudades o la escasez de materias primas que provoca volatilidad de precios y riesgos de desabastecimiento. Si a todo esto se añaden tendencias como la población creciente o la pérdida de hábitats de gran valor ecológico, el panorama presenta grises nubarrones que algunos intentan disipar antes de que sea demasiado tarde.

La economía circular se basa en el estudio de sistemas no lineales, como son el clima o los ecosistemas. Diferencia entre los componentes consumibles y durables. Los primeros se componen de “nutrientes biológicos” de baja toxicidad que pueden ser devueltos a la biosfera tras varios ciclos de uso (por ejemplo, las fibras vegetales como el papel o el algodón). Los segundos cuentan con “nutrientes técnicos” no biodegradables (como las partes metálicas de un motor), que por tanto deben ser diseñados para facilitar su reutilización y llegado el momento la refabricación.

Una de las implicaciones de la economía circular es el paso de un modelo de consumidores a otro de usuarios, en el que el fabricante mantiene la propiedad y optimiza los ciclos de reutilización y refabricación. Marca distancias con los conceptos de ecoeficiencia, que minimiza el impacto pero manteniendo un modelo lineal, o el reciclado, entendido como solución de final de la cadena en la que frecuentemente los materiales se destinan a usos de menor calidad (sub-reciclaje).

Una de las empresas pioneras en introducir estos conceptos fue Caterpillar, que ofrece equipos de construcción y minería refabricados a través de su división Cat Reman. La maquinaria usada se desarma en piezas individuales que se limpian e inspeccionan para comprobar que son aptas para un nuevo ciclo de producción. De esta forma, se consigue reutilizar hasta un 70% de los componentes y poner en el mercado productos reelaborados, con las mismas garantías pero a una fracción del precio.

Más sorprendente es el caso de la marca de ropa vaquera Mud Jeans, que permite alquilar unos pantalones durante un año y después decidir si se devuelven o cambian por otro modelo. Cuando regresan al control del fabricante, si están en buen estado se limpian y reutilizan, en algunos casos tratados para conseguir determinada apariencia. Si la prenda está deteriorada, se descompone en pequeñas fibras que se mezclan con algodón orgánico original para fabricar nuevos vaqueros que regresan al ciclo de consumo.

¿Estamos en los albores de una nueva revolución industrial? Es pronto para saberlo, pero quizás los días del "usar y tirar" estén cerca de pasar a la historia.

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