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La sostenibilidad ante el COVID-19

Actualizado: abr 20


Emisiones de NO2 en Wuhan (China) tras la epidemia de coronavirus (NASA Earth Observatory & Visual Capitalist)

“La seguridad sanitaria a nivel nacional es esencialmente débil en todo el mundo. Ningún país está del todo preparado ante epidemias o pandemias, todos tienen importantes carencias que abordar”. Esta era la principal conclusión del primer Índice Global de Seguridad Sanitaria (GHS Index), presentado en octubre de 2019 tras analizar las capacidades de los sistemas sanitarios de 195 países. En diciembre se diagnosticaba el primer caso de SARS-CoV-2 en Wuhan (China).

Desde entonces, el virus ha infectado a más de 2 millones de personas en todo el mundo y se ha cobrado la vida de 137 000. Se han escrito ríos de tinta sobre sus implicaciones, pero me gustaría aportar algunas reflexiones que integren aspectos económicos, sociales y medioambientales (las tres patas de la sostenibilidad), y sobre la importancia de la economía circular en el mundo tras la crisis.

Profundo impacto en las dimensiones humana y económica

El potencial conflicto entre personas y economía se resolvió a favor de las primeras, con medidas de aislamiento para aplanar la curva epidémica y disminuir el riesgo de desbordamiento de los servicios de salud, mientras se desarrolla un tratamiento o vacuna (como recomendó la propia OMS). Pero esto no ha evitado una serie de efectos económicos y sociales que, en muchos casos, afectan a los más débiles: las personas mayores, los trabajadores en la economía informal o aquellos que se encuentran en situaciones humanitarias y de conflicto.

En el caso de que la epidemia toque techo este trimestre y retroceda en el segundo semestre, se estima que el PIB mundial retrocederá un 3% este año para recuperarse el que viene con un crecimiento cercano al 6% (FMI). Más de 25 millones de personas habrán perdido su puesto de trabajo, en lo que se vislumbra como la mayor recesión desde la Gran Depresión del 29 (OIT).

Por primera vez desde 1990, las cifras de pobreza se incrementarán en 500 millones de personas (el 8% de la población mundial), un retroceso de diez años en los esfuerzos por erradicar la miseria (Oxfam) que pone en riesgo el cumplimiento del primer objetivo de la Agenda 2030 (Pacto Mundial).

La dimensión ambiental, ¿la gran beneficiada?

Algunos han querido ver en el coronavirus una respuesta de la naturaleza a la transgresión humana (M.T. Klare). Lo cierto es que el espacio que hemos dejado libre en nuestras ciudades ha sido ocupado por otros inquilinos del planeta como jabalíes, cabras montesas, osos y pavos reales.

La caída de la actividad ha provocado un descenso generalizado de los niveles de contaminación. Las emisiones de gases causantes de efecto invernadero han bajado un 4%, una cifra histórica pero por debajo del 6% que requiere el Acuerdo de París (Carbon Brief). El aire de las ciudades está más limpio, lo que sólo en China puede haber evitado 77 000 muertes prematuras causadas por la polución atmosférica (Earth.org).

No han faltado voces que nos recuerdan la importancia de no dejar en un segundo plano la dimensión ambiental en la reconstrucción económica y social. Los copresidentes del Club de Roma han reclamado la “exploración de nuevas formas de ser humano que respeten los límites del planeta para emerger de esta crisis como una nueva civilización […] caracterizada por sistemas económicos y financieros dirigidos por los imperativos del bienestar de personas y planeta”. Más recientemente, ministros de transición ecológica de la UE afirmaban que “no debemos perder de vista la persistente crisis ecológica y climática a la hora de analizar cómo estimular la economía tras la pandemia del coronavirus”.

La salida a la crisis pasa por la economía circular

La enfermedad ha vuelto a poner de manifiesto que vivimos en un mundo interconectado: en sólo tres meses tras los primeros casos, el virus había ya alcanzado 114 países. También hemos comprobado que los sistemas sanitarios son frágiles, incluidos los de países con altos niveles de desarrollo. Y hemos vivido problemas de desabastecimiento de medicamentos y equipos de protección, al punto de llegar a conflictos entre estados por la incautación de envíos internacionales de material. De hecho, hemos aprendido que el 80% de los principios farmacéuticos se producen en India y China, y que la mitad de las mascarillas del mundo se producían en este último.

En mi opinión la salida a la crisis pasa por modelos de economía circular, basados en una visión sistémica de la realidad. Estamos rodeados de sistemas complejos y adaptativos, desde la extensión de una pandemia hasta el funcionamiento de los mercados, que escapan a la lógica lineal (causa-efecto) y al análisis de las partes por separado: las relaciones y flujos que se establecen entre ellas son igual de importantes en el comportamiento del conjunto.

En la lógica de sistemas se valora la resiliencia, entendida como la capacidad de adaptarse a cambios externos y mantener su función. Se ve favorecida por la diversidad, al contar con más recursos para afrontar los cambios, y con la redundancia, varios componentes prestando la misma función de manera que el sistema no colapsa ante el fallo de uno. Tomando el ejemplo de una empresa de material sanitario, podríamos hablar de su resiliencia frente a variaciones bruscas en la demanda, que se vería beneficiada por mayor diversidad de la oferta (p.ej. mascarillas con diferente composición, propiedades) o redundancia en las fuentes de suministro (p.ej. una planta de producción en el país de origen y otras dos en sendos países extranjeros).

Cuando las aguas vuelvan a su cauce, algo habremos aprendido si entendemos que economía, sociedad y medio ambiente son tres sistemas interdependientes, de forma que uno no puede desarrollarse en el largo plazo a costa de los otros dos. Este pensamiento sistémico está en la raíz de laeconomía circular, que en palabras de Ken Webster nos permite escribir “una historia sobre las posibilidades de abundancia, de satisfacer las necesidades de las personas eliminando los residuos, recreando el tipo de abundancia elegante tan evidente en los sistemas vivos” (Fundación Ellen MacArthur).


Nota: las herramientas Circulab parten de una visión sistémica de los negocios y permiten identificar oportunidades circulares y transformar los impactos negativos en positivos, mejorando así la resiliencia de las organizaciones.

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