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Qué son los objetivos basados en la ciencia (SBT)

Actualizado: mar 6


Variación media de temperaturas en la tierra y el mar por NASA GISTEMP 2017 (Wikimedia Commons)

Lo cierto es que en inglés, más pragmático, no es tan complicado decir que nuestros “carbon targets are science-based (SBTs)”. Sin embargo, si decimos que vamos a “establecer unos objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) basados en el conocimiento científico”, como poco tenemos que parar para tomar aire. Lo más probable es que nuestro interlocutor nos responda con cara de póquer. ¡Que no cunda el pánico! En esta entrada del blog intentaremos explicar en qué consisten los SBTs.

Cuando una organización incorpora los GEI a su gestión, midiendo su huella de carbono y estableciendo objetivos de reducción, podría hacerlo arbitrariamente y decir que va a reducir sus emisiones un 10% en 2030. Ahora bien, ¿cómo sabemos si es suficiente para evitar los efectos más graves del calentamiento global? Los objetivos basados en la ciencia (del inglés “science-based targets”) vienen a responder esta pregunta, puesto que están alineados con el Acuerdo de París (COP 21, 2015) para evitar los efectos más devastadores del cambioclimático, limitando la subida media de temperaturas a 2 ºC en 2100 (e intentando sea menor, 1.5 ºC).

Este compromiso se está desplegando en el ámbito político a través de las contribuciones nacionales previstas, mientras que a nivel empresarial una serie de actores (CDP, UNGC, WRI y WWF) crearon la Iniciativa SBTi con objeto de desarrollar metodologías para el cálculo de objetivos basados en el conocimiento científico y convertirlo en la práctica dominante en 2020.

Hasta el momento, se han desarrollado siete métodos que se engloban en alguno de los siguientes tres enfoques:

  • Sectorial, en el que se distribuye la cantidad de GEI que pueden ser emitidos en el futuro para no superar 2 ºC (lo que se denomina “presupuesto de carbono”) entre los diferentes sectores de actividad, para posteriormente dividir entre las empresas en función de su contribución relativa (es el enfoque más desarrollado)

  • Absoluto, por el que se asigna a las empresas los mismos porcentajes de reducciones absolutas que van a ser necesarios a nivel mundial (por ejemplo, el 49% en 2050 respecto de los niveles de 2010)

  • Económico, en este caso el presupuesto de carbono se equipara al PIB mundial y se calcula el presupuesto individual de una empresa en función del porcentaje que representa su beneficio bruto

En principio todos los métodos son igualmente válidos, las empresas deben elegir según sus circunstancias y para ello cuentan con recursos y herramientas online. Aunque íntimamente unidas, una cosa es la metodología (SBT) y otra la iniciativa que la promueve (SBTi), de manera que podemos usar la primera para calcular nuestros objetivos sin adherirnos a la segunda. No obstante, nos puede interesar hacerlo para ganar visibilidad, compartir conocimiento o mejorar el acceso a otras iniciativas en el ámbito del carbono (por ejemplo, el sistema global de reporte CDP otorga puntos extra a las organizaciones con objetivos SBT validados).

La incorporación a SBTi se inicia con una carta de adhesión y a partir de ese momento se dispone de 24 meses para someter a aprobación los objetivos. Estos deben cubrir los alcances 1 y 2 del GHG Protocol, aunque si el alcance 3 fuera significativo (40% del total de emisiones) también debe contar con una meta. Pueden ser tanto absolutos como relativos, y siempre referidos a un horizonte de entre 5 y 15 años. Se recomienda incluso fijar objetivos algo más exigentes que los obtenidos con los métodos (en ese esfuerzo por limitar el calentamiento a 1.5 ºC), y revisarlos ante cambios significativos en las condiciones de la organización o el consenso científico. Una vez validados, la pertenencia a SBTi requiere publicar anualmente la huella de carbono para que los grupos de interés puedan seguir el progreso hacia el objetivo.

Desde su lanzamiento en 2014, SBTi ha ido ganando popularidad y actualmente la cifra de empresas adheridas es del entorno de 450. Según el último Informe CDP con datos de emisiones en 2017, 13 empresas españolas se habían adherido a la iniciativa y de ellas 2 ya contaban con sus objetivos aprobados. Se prevé que estas cifras aumenten, extendiéndose a organizaciones más pequeñas, y que los métodos se vayan refinando y adaptando a un mayor número de sectores.

Al adoptar esta metodología, las empresas se adelantan a una mayor presión regulatoria sobre las emisiones de GEI, la reducción de sus riesgos climáticos mejora su posición frente a inversores, encuentran nuevas vías para la innovación y la eficiencia, y al alinearse con los compromisos internacionales en clima mejoran su reputación frente a sus grupos de interés. Si estás pensando en establecer objetivos de reducción de emisiones, ¿por qué no darle una oportunidad a la ciencia?